Algunas consideraciones sobre defensa personal y Artes Marciales Filipinas (epílogo)

Esto es un artículo de “información”. Recordamos que los artículos de “opinión” y, hasta cierta medida, los de “información”, manifiestan nada más EL PARECER PERSONAL Y LAS REFLEXIONES DE QUIEN LOS FIRMA, y ni mucho menos intentan pontificar ni sentar cátedra sobre ninguna materia en absoluto. No tienen por qué reflejar los pensamientos o criterios del resto de los instructores de la Asociación o de la propia Asociación en sí, sino exclusivamente los de su autor.

A modo de colofón de esta serie de artículos que hemos ido dedicando a las AMF y la defensa personal,  y dado que ha sido preciso mencionar en algunas ocasiones que las vicisitudes de nuestra autopreservación pueden entrar en conflicto directo con las vigentes leyes, me parece interesante recoger algunas consideraciones que el mismo Krishna Godhania realiza al respecto en su libro “Eskrima. Filipino Martial Art”. Debido a su nacionalidad y lugar de residencia, las reflexiones de Krishna se basan, como es lógico, en el corpus legal británico, si bien son perfectamente extrapolables al caso español.

Fuente: “Eskrima. Filipino Martial Art”, por Krishna Godhania. The Crowood Press Ltd, 2010. Para conseguir una copia firmada y dedicada del libro, escribir (en inglés) a la siguiente dirección: KGodhania@aol.com . Precio incluido envío al domicilio del solicitante: 17.50£ (aprox. 20€). Pago por PayPal.

Krishna Godhania

por Krishna Godhania
Traducción y adaptación: Jose María Carrasco Bejarano
Supervisión: Cristina Rodríguez Sanz
©Copyright Krishna Godhania. Material utilizado con el permiso de su propietario. Queda rigurosamente prohibida sin la expresa autorización escrita del autor la reproducción total o parcial del texto, bajo las sanciones establecidas por las leyes.

 

 

Consecuencias

El problema radica en que las consecuencias de un conflicto físico son impredecibles. Puedes derribar a alguien en la calle, y al caer se golpea la cabeza con el bordillo y muere. Pero incluso si nadie muere, si “ganas” en una confrontación física, entonces, por definición, es probable que tu enemigo acabe más dañado de lo que tú estás; también por definición, se puede entonces decir que has utilizado más fuerza de la que él tiene (la única manera real de “ganar” es escapar o “negociar”).

Puede que se trate de un criminal experimentado proveniente de un estrato social desfavorecido, acostumbrado a vivir una vida llena de mentiras, agresión y resentimiento. Si está en condiciones de hacerlo, probablemente mentirá acerca de ti, y hay muchas posibilidades de que termines teniendo que afrontar una acusación de asalto interpuesta por él. Si no ha sobrevivido al encuentro, se te pueden imputar cargos de homicidio o incluso asesinato.

Todas estas posibilidades significan que tu mala suerte no “finaliza” cuando sobrevives al encuentro. Meses después, quizá tras haberse curado tus (y/o sus) heridas, podrías terminar ante la fría luz de una sala de tribunal, con abogados y jurados examinando minuciosamente si la fuerza que usaste -quizá con rapidez y sometido a un gran estrés- puede justificarse como “razonable acorde a las circunstancias”.

Has de recordar que únicamente una exigua minoría de abogados y jurados posee una comprensión real de las artes marciales. Un “jurado de tus iguales” significa algo equivalente a doce personas corrientes de la calle escogidas al azar. Indudablemente habrán adquirido falsas ideas de la cultura popular sobre las artes marciales, y pueden muy bien verte como “peligroso”. Cuando se sepa que tienes el más mínimo entrenamiento en artes marciales, serás visto inevitablemente como un “experto en artes marciales”, con unas habilidades que pueden ser miradas con recelo. ¡No habrá ni una sola noticia en un periódico describiéndote como “un estudiante de artes marciales ecuánime y moderado”!

Eso lo hace más duro para ti, no más fácil. Como practicante de artes marciales, por tanto, tienes una mayor responsabilidad, no menor, a la hora de autocontrolarte y evitar los conflictos. Has de enfrentarte al hecho de que será más difícil para ti justificar que creías que tú (u otra persona) corríais un peligro inmediato, y que con el fin de evitar que tú, o ellos, fueseis físicamente heridos, utilizaste únicamente la fuerza que era razonable en aquellas circunstancias para eliminar la amenaza.

 

En conclusión

En definitiva, que siempre habrá algo de buena y mala suerte involucradas, pero si quieres maximizar las posibilidades de no caer en el lado más infecto de las leyes, las actitudes que hay que cultivar son:

  • No vayas buscando problemas.
  • No tienes nada que probar.
  • Si el problema te encuentra, demuestra que no quieres luchar, y haz todo cuanto esté en tu mano para evitar el conflicto físico.
  • Utiliza técnicas físicas solo si no te queda absolutamente ninguna otra opción.
  • Mantén entonces el autocontrol tanto como te sea posible dadas las circunstancias.
  • Nunca golpees al asaltante tras haber eliminado la amenaza directa. Recuerda, eres uno de los “buenos”, no uno de los criminales.
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